viernes, 3 de abril de 2015

EL CAMBIO



Por años, los muertos
fueron el peso terrible de su ausencia,
el peso de lo que no se puso en sus manos.
Rara vez, una aparición —visión o sueño—
sostenía un instante esa carga, como quien
se para detrás y brevemente recibe
el peso de una mochila.
Pero las correas, y el dolor, seguían ahí—
aunque se puede aprender a no sentirlas
excepto cuando la memoria malvada
tira de golpe hacia abajo.
De a poco llega la sensación
de que, por un tiempo, esa carga fue
lo que de alguna manera necesitabas.
Qué endeble andar sin eso, suelto,
de acá para allá, chocando contra lo sólido.
Y después empiezan a volver, los muertos:
pero ya no como visiones. No están más
separados, no son visibles, no.
Son ellos los que ven: por segundos, minutos,
a veces más, su mirada desplaza
la del deudo. Ahora mismo,
ese cambio de luz, arpegio
en el arpa del océano—
no es el portador habitual
del peso de la ausencia el que lo vio, lo percibieron
los que murieron hace mucho, los que hace mucho están ausentes,
y miran desde nuestros propios ojos abiertos.


(Versión en castellano es de Sandra Toro).


THE CHANGE

For years the dead
were the terrible weight of their absence,
the weight of what one had not put in their hands.
Rarely a visitation--dream or vision--
lifted that load for a moment, like someone
standing behind one and briefly taking
the heft of a frameless pack.
But the straps remained, and the ache—
though you can learn not to feel it
except when malicious memory
pulls downward with sudden force.
Slowly there comes a sense
that for some time the burden
has been what you need anyway.
How flimsy to be without it, ungrounded, blown
hither and thither, colliding with stern solids.
And then they begin to return, the dead:
but not as visions. They're not
separate now, not to be seen, no
it's they who see: they displace
for seconds, for minutes, maybe longer,
the mourner's gaze with their own.  Just now,
that shift of light, arpeggio
on ocean’s harp—
not the accustomed bearer
of heavy absence saw it, it was perceived
by the long-dead, long-absent,
looking out from within one's opened eyes.



(de Sands of the Well [2da. Ed.], N.Y.: New Directions, 1998).