domingo, 9 de marzo de 2014

OTRA PRIMAVERA


En la boca dorada de una flor
el olor negro de la tierra en primavera.
Basta de cráneos en el escritorio

solo el estudio
generalizado de la muerte -¿como si hicieran
falta nuevas maneras de morir? No,

no hacen ninguna falta
nuevas maneras de morir.
La muerte en nosotros sigue

probando el riesgo
salvaje de vivir
como lo arriesgó Adán.

Boca-dorada, la sonrisa torcida
de la luna hacia el oeste
en la ventana negra,

Calavera* de Primavera.
¿No me entendés?
Hablo de vivir,
de moverse de un momento 
al otro, y al que viene
después, respirando

la muerte en el aire de la primavera, sabiendo
que aire también quiere decir
música para cantarle.


*N de la T: en español en el original.

ANOTHER SPRING

In the gold mouth of a flower
the black smell of spring earth.
No more skulls on our desks

but the pervasive
testing of death – as if we had need
of new ways of dying? No,

 we have no need
of new ways of dying.
Death in us goes on

testing the wild
chance of living,
as Adam chanced it.

Golden-mouth, the tilted smile
of the moon westering
is at the black window,

Calavera of spring.
Do you mistake me?
I am speaking of living

of moving from one moment into
the next, and into the
one after, breathing

death in the spring air, knowing
air also means
music to sing to.


(de "Poems 1960-1967", New Directions Publishing Corporation, 1987.)

Versión en castellano de Sandra Toro

lunes, 14 de octubre de 2013

MAGIA



para Jon

La copa de bronce o de latón, acariciándola en círculos
alrededor del borde, empieza
a sonar,
              poco a poco zumba
más alto, y ahora, rápidamente
se convierte
                      en el sonido de la campana
                      del mundo oculto, inquebrantable,
                      crescendo desde su boca ancha
                                                            una nota,
                      continua,
                                        gong
                      del universo, sin principio ni final,
pero audible
solo en esos momentos en que
tomamos la copa y acariciamos
el borde,
diminuendo,
parece que solo cesa cuando dejamos
de escuchar...



MAGIC

for Jon


The brass or bronze cup, stroked at the rim, 
round and round, begins 
to hum, 
             the hum slowly 
buzzes more loudly, and rapidly now 
becomes 
             the clang of the bell of the 
             deep world, unshaken, sounding 
             crescendo out of its wide mouth 
                                                one note, 
             continuous, 
                                 gong 
             of the universe, neither beginning nor ending, 
but heard 
only those times we take 
the cup and stroke 
the rim, 
diminuendo, 
only seeming 
to cease when we cease 
to listen… 


(de "Poems 1972-1982", New Directions Publishing Corporation, 2001.)

Versión en castellano de Sandra Toro

jueves, 10 de octubre de 2013

LA VIDA A NUESTRO ALREDEDOR


Para David Mitchell y David Hass



El álamo y el roble, toda la noche
despiertos. Y con
todos los climas de todos los días del año.
Hay una conciencia
indefinida.
El crepúsculo de ayer, casi finales
de agosto, duró, variando lentamente,
hasta el amanecer. Los sonidos del hombre
se silenciaron detrás de las cortinas.
Ningún ser humano vio la noche en este jardín
deslizando su azul en la mañana.
Sólo los árboles ciegos,
sin neuronas, la vivieron
y la conocieron por completo.




The Life Around Us

for David Mitchell and David Hass

Poplar and oak awake
all night. And through
all weathers of the days of the year.
There is a consciousness
undefined.
Yesterday's twilight, August
almost over, lasted, slowly changing,
until daybreak. Human sounds
were shut behind curtains.
No human saw the night in this garden,
sliding blue into morning.
Only the sightless trees,
without braincells, lived it
and wholly knew it.



(de "Poems 1968-1972", New Directions Publishing Corporation, 1987.)
Versión en castellano de Sandra Toro

sábado, 5 de octubre de 2013

LA SALA

Con un espejo 
podría ver el cielo.

Con dos o tres, bien situados, 
podría ver el sol
inclinándose ante las chimeneas de la noche.

La salida de la luna -la luna misma podría aparecer
en un cuarto espejo, alto,
cerca de la ventana abierta.

              Con suficientes espejos adentro 
0 incluso afuera de la sala, con una viga
para sostenerlos, las montañas
y los mares podrían manifestarse.

Entiendo perfectamente
que demasiado seguido podría toparme 
con mis ojos -tengo en cuenta
el peligro-
                Si los espejos
son bastante grandes, y se disponen 
con bravura, puedo mirar
más allá de mi propia mirada.

Con un espejo
¿cuántas estrellas podría ver?

No quiero escaparme, solamente mirar
la celebración de los ritos.





The Room


With a mirror
I could see the sky.

With two mirrors or three
justly placed, I could see
the sun bowing to the evening chimneys.

Moonrise -the moon itself might appear
in a fourth mirror placed high
and close to the open window.

                   With enough mirrors within
and even without the room, a cantilever
supporting them, mountains
and oceans might be manifest.

I understand perfectly
that I could encounter my own eyes
too ofen -I take account
of the danger-
                     If the mirrors
are large enough, and arranged
with bravura, I can look
beyond my own glance.

With one mirror
how many stars could I see?

I don't want to escape, only to see
the enactment of rites.



(de "Collected Earlier Poems, 1940-1960", New Directions Publishing Corporation, 1979)

Versión en castellano de Sandra Toro



domingo, 29 de septiembre de 2013

FESTIVAL SECRETO; LUNA DE SEPTIEMBRE



Pandemonio de lechuzas
que cruza, de Este a Oeste y de Oeste
a Este, sobre el mar de pasto segado
de la luna llena.
                             Las de voz grave
y las de gemidos agudos
ululando juntas, ni en diálogo
                              ni al unísono,
                                                      en superposición
antifonal,
                     como para
sobresalir, les ladra
un zorro, cuyo obbligato
las lechuzas ignoran.
Ellas levantan
el techo de la oscuridad; feroz
            su alegría en el plateado intenso
                         que dejó escapar la luna,
aire luminoso en el que esos ojos
no hieren ni se cierran,
                                           la noche del año
                                  erigida por sus conjuros-
y si
los zorros creen que es de ellos, terrícolas, hay suficiente
fuego de lechuzas para rodearlos en vuelo.





N. de la T.: En música clásica la palabra Obbligato describe una línea músical que de alguna manera es indispensable en la representación. Puede también ser utilizada para indicar que un pasaje de música debe ser tocado de igual manera a como está escrito, o sólo con un instrumento específico sin cambios u omisiones.


SECRET FESTIVAL; SEPTEMBER MOON

Pandemonium of owls
plying from east to west and
west to east, over the full-moon sea of
mown grass.
                      The low-voiced
and the wailing high-voiced
hooting together, neither in dialogue
                                 nor in unison,
                                                           an overlapping
antiphonal a fox
                              barks to,
as if to excel, whose obligato
the owls ignore.
They raise
the roof of the dark; ferocious
             their joy in the extreme silver
               the moon has floated out from itself,
luminous air in which their eyes
don’t hurt or close,
                                   the night of the year
                      their enantations have raised-
                      and if
foxes believe it’s theirs, there’s enough to slip
over and round them, earthlings, of owlish fire.




(de "Poems 1968-1972", New Directions Publishing Corporation, 1987.)

Versión en castellano de Sandra Toro

lunes, 23 de septiembre de 2013

MUERTE EN MÉXICO


Dos semanas antes de su declive,
tres semanas antes de su muerte, el jardín
ya empezó a desaparecer. La cerca desvencijada se rindió
a las amenazas y los chicos arrojaban
juguetes de plástico rotos -amarillos feroces,
rojos sin resonancia, en el camino y en el limonero;
o se metían corriendo por los huecos, pisoteando las plantitas.
Durante dos semanas nadie las regó, excepto yo, dos veces
pero después me fui. Ella todavía estaba consciente
y me dio las gracias. Les pedí a los demás que regaran
pero empezaron las lluvias; cuando volví eran aguaceros
violentos, repentinos que azotaban todas las tardes.
                                                                               Brotó la maleza,
el manto seco fue barrido pronto
por los desagües. Oh, todavía quedaba verde
pero el jardín se esfumaba- cada día
menos señales del oasis
planeado con esmero, un cantero circular que su mente
concibió para las begonias, las rosas y los lirios,
y el romero-para-la-memoria.
Veinte años para construirlo-
menos de un mes para deshacerse,
y los que lo habían visto crecer,
los que vivieron esas décadas a su vera
no hicieron nada por conservarlo. Oh, Alberto sí,
un día arregló un poquito la cerca
cuando le dije que un jardín sería valioso
para un futuro inquilino. Pero nadie creyó
que la jardinera iba a vivir (yo menos que nadie),
así que su dolor ante la ruina
permanecía abstracto, un concepto incomprensible
que no movía a ningún acto. Cuando se la llevaron
                                                                            en una camilla
camino del sanatorio*, el deterioro visual
se volvió una bendición,
no pudo haber visto más que un manchón verdoso.
Pero a mí la maleza, los rosales sin rosas, los
tallos rotos de la caña india y de los amarilis, toda
esa jungla verde y opaca, me mostraban
-antes de que terminara su agonía-
una mirada obstinada, ciega, que lo veía todo:
la había visto ya en los museos,
en las máscaras de piedra de dioses y de víctimas.
Una mirada que no admite ternura alguna, si sonríe,
lo hace con amargura sublime -no,
ni siquiera es amarga: no admite
arrepentimiento, en su cosmos no hay lugar para la nostalgia,
la amargura es irrelevante.
Si sostiene una flor, y lo hace,
una flor sedosa, brillante y delicada que florece
un solo día, la sostiene
apretada entre los dientes filosos.
Sobre su rostro pueden arrastrarse enredaderas y escorpiones pero aunque los siglos limen
los párpados y las anchas fosas nasales, la mirada de piedra
sigue inmóvil, fija, absoluta,
una sonrisa negadora frente a la eternidad.
Los jardines desaparecen. Ella, aquí, era extranjera,
igual que yo. Su muerte
no era asunto de México. El jardín
era un rehén. Los viejos dioses

tomaron lo que era de ellos.


*N de la T: en español en el original.


DEATH IN MEXICO

Even two weeks after her fall,
three weeks before she died, the garden
began to vanish. The rickety fence gave way
as it had threatened, and the children threw
broken plastic toys –vicious yellow,
unresonant red, onto the path, into the lemontree;
or trotted in through the gap, trampling small plants.
For two weeks no one watered it, except
I did, twice, but then I left. She was still conscious then
and thanked me. I begged the others to water it-
but the rains began; when I got back there were violent,
sudden, battering downpours each afternoon.
                                                                          Weeds flourished,
dry topsoil was washed away swiftly
into the drains. Oh, there was green, still,
but the garden was disappearing-each day
less sign of the ordered,
thought-out oasis, a squared circle her mind
constructed for rose and lily, begonia
and rosemary-for-remembrance.
Twenty years in the making-
less than a month to undo itself;
and those who had seen it grow,
living around it those decades,
did nothing to hold it. Oh, Alberto did,
one day, patch up the fence a bit,
when I told him a future tenant would value
having a garden. But no one believed
the garden-maker would live (I least of all),
so her pain if she were to see the ruin
remained abstract, an incomprehensible concept,
impelling no action. When they carried her past
                                                                                on a stretcher,
on her way to the sanatorio, failing sight
transformed itself into a mercy, certainly
she could have seen no more than a greenish blur.
But to me the weeds, the flowerless rosebushes, broken
stems of the canna lilies and amaryllis, all
a lusterless jungle green, presented-
even before her dying was over-
an obdurate, blind, all-seeing gaze:
I had seen it before, in the museums,
in stone masks of the gods and victims.
A gaze that admit no tenderness, if it smiles, it
only smiles with sublime bitterness-no,
not even bitter: it admits
no regret, nostalgia has no part in its cosmos,
bitterness is irrelevant.
If it holds a flower-and it does,
a delicate brilliant silky flower that blooms only
a single day-it holds it clenched
between sharp teeth.
Vines may crawl, and scorpions, over its face,
but though the centuries blunt
eyelid and flared nostril, the stone gaze
is utterly still, fixed, absolute,
smirk of denial facing eternity.
Gardens vanish. She was an alien here,
as I am. Her death
was not México’s business. The garden though
was a hostage. Old gods
took back their own.


(de "Poems 1972-1982", New Directions Publishing Corporation, 2001.)

Versión en castellano de Sandra Toro



martes, 16 de abril de 2013

SALMO ACERCA DEL CASTILLO



Déjame estar en el lugar del castillo.
Deja que el castillo esté en mí.
Deja que se alce sólido desde el círculo del foso.
Deja que las aguas del foso reflejen el plumaje verde de los patos, que los caparazones de las tortugas acuáticas rompan la superficie o se vean a través de las profundidades ondulantes.
Deja que a su vera se detengan los jinetes, y un perro siempre alerta a la orilla del sueño.
Deja que esté oscuro el espacio bajo el primer piso, que el agua lama los pilares de piedra, y el limo verde vivo destelle sobre ellos; deja que allí se guarde un bote.
Deja que las cariátides del segundo piso sean osos sostenidos por rayos que sean dragones.
Deja que seamos cuatro arqueros sobre el parapeto del salón central, oteando los cuatro horizontes. Y que, adentro, el príncipe esté en su hogar. Deja que se siente pensativo, en paz, con todas las ventanas abiertas a las logias.
Deja que arriba se siente la joven reina, al fresco, con su hijo en brazos; deja que mire con gozo el gran círculo, las sombras de los peregrinos, el trabajo del sol y el juego del viento. Déjala ir y venir. Deja que las columnas sostengan al techo, y que los pisos sostengan a las columnas, seamos el espacio oscuro bajo el piso más bajo, deja que el castillo se alce sólido desde el foso, deja que el foso sea un círculo y el agua piélago, deja que los guardias lo guarden, seamos tierra vasta a su alrededor, deja que el campo donde se emplaza esté dentro de mí, déjame estar donde esté.


Psalm Concerning the Castle

Let me be at the place of the castle.
Let the castle be within me.
Let it rise foursquare from the moat's ring.
Let the moat's waters reflect green plumage of ducks, let
the shells of swimming turtles break the surface or be
seen through the rippling depths.
Let horsemen be stationed at the rim of it, and a dog,
always alert on the brink of sleep.
Let the space under the first storey be dark, let the water
lap the stone posts, and vivid green slime glimmer upon
them; let a boat be kept there.
Let the caryatids of the second storey be bears upheld on
beams that are dragons.
On the parapet of the central room, let there be four
archers, looking off to the four horizons. Within, let
the prince be at home, let him sit in deep thought, at
peace, all the windows open to the loggias.
Let the young queen sit above, in the cool air, her child in
her arms; let her look with joy at the great circle, the
pilgrim shadows, the work of the sun and the play of
the wind. Let her walk to and fro. Let the columns uphold
the roof, let the storeys uphold the columns, let there
be dark space below the lowest floor, let the castle rise
foursquare out of the moat, let the moat be a ring and
the water deep, let the guardians guard it, let there be
wide lands around it, let that country where it stands be
within me, let me be where it is. 
 

("Psalm Concerning A Castle (Broadside)" Perishable Press - W.S. Hamady, 1966. 

Versión en castellano de Sandra Toro.