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miércoles, 9 de diciembre de 2009

ESTABLECERSE



Fui bienvenida aquí – al oro claro
del verano tardío, del otoño de estreno,
al águila del amanecer asoleándose en el árbol más alto,
a la montaña que se revela sin nubes, a su nieve
teñida de damasco cuando mira al oeste,
paciente, en su determinación, con el sol incansable
siempre asomando y ocultándose.
                                                                Ahora me es dado
probar el gris presagiado por todos,
un gris denso y helado a la vez. Me jacté de que no me iba a importar
porque nací en Londres. Y no me va a importar.
Voy a poner manos a la obra
en mis días, vine a quedarme, no de visita.
El gris es el precio
de la vecindad con las águilas, de conocer
la presencia enorme de una montaña, véase o no.





Versión en castellano de Sandra Toro




Settling

I was welcomed here—clear gold / of late summer, of opening autumn, / the dawn eagle sunning himself on the highest tree, / the mountain revealing herself unclouded, her snow / tinted apricot as she looked west, / tolerant, in her steadfastness, of the restless sun / forever rising and setting. /                                               Now I am given / a taste of the grey foretold by all and sundry, / a grey both heavy and chill. I've boasted I would not care, / I'm London-born. And I won't. I'll dig in, / into my days, having come here to live, not to visit. / Grey is the price / of neighboring with eagles, of knowing / a mountain's vast presence, seen or unseen. 




©Denise Levertov(Evening Train, New Directions Publishing Corporation, 1993).

















































CONTRABANDO

El árbol del conocimiento era el árbol de la razón.
Por eso es que probarlo
nos arrojó del Edén. Esa fruta
era para secar y moler hasta volverla un polvo fino,
un condimento para usar una pizca a la vez.
Probablemente Dios tenía pensado hablarnos
más adelante de este deleite nuevo.
Y  nos llenamos la boca,
atragantándonos de pero y cómo y si,
y de nuevo pero, sin saber.
Resulta tóxico en grandes cantidades, los vapores
se nos enroscaron en la cabeza y a nuestro alrededor
en una nube densa que endureció como acero,
un muro entre nosotros y Dios, Que era el Paraíso.
No es que Dios no sea razonable, es que la razón
en semejante exceso fue tiranía
y nos encerró entre sus límites, una celda lustrada donde
se reflejaban nuestros rostros. Del otro lado
de ese espejo vive Dios,
pero a través de la hendija donde la valla no alcanza
a tocar el piso, se las arregla
para colarse –una luz que se filtra,
esquirlas de fuego, una música que se oye,
se pierde, y después se oye otra vez.


Versión en castellano de Sandra Toro



Contraband

The tree of knowledge was the tree of reason. / That's why the taste of it / drove us from Eden. That fruit / was meant to be dried and milled to a fine powder / for use a pinch at a time, a condiment. / God had probably planned to tell us later / about this new pleasure. / We stuffed our mouths full of it, / gorged on but and if and how and again / but, knowing no better. / It's toxic in large quantities; fumes /swirled in our heads and around us / to form a dense cloud that hardened to steel, / a wall between us and God, Who was Paradise. / Not that God is unreasonable – but reason / in such excess was tyranny / and locked us into its own limits, a polished cell / reflecting our own faces. God lives / on the other side of that mirror, / but through the slit where the barrier doesn't / quite touch ground, manages still / to squeeze in – as filtered light, / splinters of fire, a strain of music heard / then lost, then heard again.







©Denise Levertov (Evening Train, New Directions Publishing Corporation, 1993).